lunes, 22 de diciembre de 2025

Entre la conciencia lírica y el pensamiento científico-filosófico contemporáneo. Un estudio sobre el sentido de la poesía en el poema "Las cosas pequeñas" del poemario "Viaje a los confines de la nada"

 

Las cosas pequeñas como operadores ontológicos: un diálogo entre poesía, termodinámica y filosofía de la individuación

Resumen: Este artículo propone una lectura del poema «(De las cosas pequeñas)» del libro Viaje a los confines de la nada a la luz de tres paradigmas teóricos aparentemente distantes: la termodinámica del no-equilibrio de Ilya Prigogine, la teoría matemática de la comunicación de Claude Shannon y la filosofía de la individuación de Gilbert Simondon. El análisis revela cómo la poesía no solo puede ilustrar conceptos científicos y filosóficos, sino también completarlos, ofreciendo una fenomenología lírica de lo real como proceso creativo, comunicativo y generativo.

Palabras clave: poesía contemporánea, filosofía de la ciencia, Simondon, Prigogine, Shannon, individuación, complejidad, comunicación.


1. Introducción: la poesía como territorio transdisciplinar

Frente a la especialización creciente del saber, la poesía persiste como un espacio donde lo físico, lo comunicativo y lo ontológico se entrelazan sin jerarquías. El poema «(De las cosas pequeñas)» (de Viaje a los confines de la nada) opera como un dispositivo lírico que captura, en su movimiento verbal, fenómenos que la ciencia describe con ecuaciones y la filosofía con conceptos. No se trata de “aplicar” teorías al texto, sino de mostrar cómo el texto constituye ya una teoría encarnada sobre el funcionamiento de lo real en su escala más sutil y decisiva.

Este artículo articulará un diálogo a tres bandas entre:

  1. La física del tiempo y la complejidad (Prigogine).

  2. La ingeniería de la transmisión de señales (Shannon).

  3. La ontogénesis de los individuos (Simondon).

El poema será el eje que muestre su convergencia.

2. Prigogine: las cosas pequeñas como estructuras disipativas

Para Ilya Prigogine, el universo no es un mecanismo reversible, sino un sistema en desplazamiento constante hacia el no-equilibrio, donde surgen espontáneamente estructuras disipativas: formas ordenadas que se mantienen gracias al flujo de energía e información. El poema captura esta dinámica con precisión:

«Las cosas pequeñas se posan a veces sobre la cresta de las olas,
se dejan llevar por golpes líquidos en nebulosas extrañas
y danzan solitarias por la eternidad en un vaivén de saltos y gracias.»

Aquí, la “cosa pequeña” es una estructura disipativa lírica: emerge en la interfaz de fuerzas (olas, golpes líquidos), se mantiene en un medio turbulento y su existencia es un balance dinámico entre orden y caos. No es un objeto, sino un evento térmico-poético. Su “danza” es el ritmo mismo de la entropía creativa que Prigogine reivindicó frente al determinismo clásico.

Cuando el poema dice que estas cosas llegan «cuando no tenemos para todo un sentido bien claro de lo que pasa», está describiendo el estado de no-equilibrio subjetivo —la confusión, la búsqueda— que precede a la emergencia de un nuevo orden psíquico: «se ensancha el mundo a través de nuestros poros / y nos adentramos en los corredores de la alegría». La alegría, pues, sería un atractor emocional que surge al recibir la fluctuación mínima que reorganiza el sistema.

3. Shannon: la paradoja de transmitir lo etéreo

Claude Shannon, en su Teoría matemática de la comunicación (1948), desvincula el problema técnico de la transmisión eficiente de señales del significado de los mensajes. El poema, sin embargo, expone la tensión entre transmisión y significado al presentar una “cosa pequeña” como mensaje:

«Era brillante y redonda,
etérea como el humo
y danzaba sola por cualquier onda sonora
a la que subirse mientras yo la miraba.»

Desde la ingeniería de Shannon, esta “cosa” es una señal de alta entropía: improbable, frágil, transmitida por un canal ruidoso (el mundo, el aire, la percepción). Su valor informativo es inversamente proporcional a su probabilidad de aparición. Pero el poema va más allá: lo que interesa no es la fidelidad de la transmisión, sino su capacidad transformadora. El sujeto no decodifica un dato, sino que se redefine en el acto de recepción:

«He respirado profundo,
he atado la gravedad de nuevo en mi boca.»

El “atar la gravedad” es una metáfora potentísima del autodominio recobrado tras la conmoción que produce lo etéreo. La comunicación aquí no es transferencia, sino modulación del ser. El poema señala así lo que Shannon excluyó: que el verdadero “ruido” quizá no sea la interferencia en el canal, sino la incapacidad del receptor de ser afectado.

4. Simondon: la individuación resonante

Gilbert Simondon desplaza la pregunta de “¿qué es un individuo?” a “¿cómo se produce un individuo?”. Para él, la individuación es un proceso de resolución de tensiones en un campo pre-individual cargado de potencial. La “cosa pequeña” encarna perfectamente esta lógica:

  • No es sustancia, sino proceso: Su modo de ser es dinámico («se posan… se dejan llevar… danzan»).

  • Emerge de un fondo pre-individual: «De ahí vienen las cosas pequeñas» —ese “ahí” es la región de lo no-individuado, los “confines de la nada” del título del libro.

  • Porta una disparidad: Su mera presencia —brillante, redonda, etérea— introduce una diferencia en el campo perceptivo y psíquico, actuando como germen de una nueva individuación.

El momento de encuentro es descrito no como comunicación, sino como resonancia:

«…veía en sus ojos reflejada la armonía,
la tranquila serenidad que a veces nos lleva.»

El sujeto y la cosa pequeña no intercambian información, sino que sintonizan sus fases de individuación. La cosa pequeña opera como un cristal simbólico que precipita una re-organización interna en quien la recibe. Esto es lo que Simondon llama trans-individuación: un proceso por el cual lo psíquico y lo colectivo se co-individúan a través de un mediador. En el poema, ese mediador es lo ínfimo.

5. Síntesis: el poema como teoría unificada de lo sutil

La potencia del poema reside en que integra estas tres dimensiones sin subordinarlas a un discurso teórico:

  1. Dimensión física (Prigogine): La cosa pequeña es una ley de la naturaleza en acto: la ley de que el orden nace del caos en el tiempo irreversible.

  2. Dimensión comunicativa (Shannon): Es un canal puro, donde el medio y el mensaje se confunden, y el valor reside en la vulnerabilidad al ruido.

  3. Dimensión ontogenética (Simondon): Es un operador de individuación, un punto de bifurcación existencial que resuelve tensiones pre-individuales.

El gesto final del poema —«Algo ha querido, sin saberlo, / que trasmita esta experiencia fugaz / con una de esas cosas pequeñas»— revela la autoconciencia del proceso: el poema mismo se ofrece como una nueva “cosa pequeña”, una estructura disipativa de lenguaje destinada a desencadenar individuaciones en sus lectores. La escritura se convierte así en el medio asociado donde la experiencia pre-individual se cristaliza para viajar hacia otras conciencias.

6. Conclusión: hacia una ontología de lo mínimo

«(De las cosas pequeñas)» no es solo un poema sobre la percepción de lo insignificante; es una investigación lírica sobre los fundamentos dinámicos de la realidad. Propone que lo que llamamos “significado” o “alegría” no son sustancias, sino efectos de resonancia entre procesos de individuación que ocurren a escalas ínfimas.

En un mundo obsesionado con lo macro —las grandes narrativas, los datos masivos, las estructuras estables—, este poema reivindica lo pequeño como categoría ontológica mayor. Las cosas pequeñas son los cuantos de sentido, las partículas elementales de lo real que, en su danza solitaria y etérea, sostienen la posibilidad misma de la experiencia significativa.

La poesía, entonces, se revela no como un decorado de lo real, sino como su laboratorio más fino: el lugar donde se puede pensar, sentir y nombrar el universo como un sistema creativo, comunicativo y en perpetua individuación. Viaje a los confines de la nada no es un viaje hacia la ausencia, sino hacia el umbral donde lo pre-individual se hace poema —y donde cada poema, a su vez, es una cosa pequeña esperando a posarse en la cresta de una mirada.


Referencias:

  • Prigogine, I. (1997). The End of Certainty: Time, Chaos, and the New Laws of Nature. Free Press.

  • Shannon, C. E. (1948). A Mathematical Theory of Communication. Bell System Technical Journal, 27, 379–423, 623–656.

  • Simondon, G. (2005). L’individuation à la lumière des notions de forme et d’information. Millon.


El autor de este artículo es poeta y ensayista. Su último libro, Viaje a los confines de la nada, explora la intersección entre la conciencia lírica y el pensamiento científico-filosófico contemporáneo.



domingo, 26 de octubre de 2025

miércoles, 8 de octubre de 2025

Algoritmos capitales.

En 2008 cuando publiqué "Del mundo en mí ( y otros extraños)" el mundo económico que conocíamos había estallado en pedazos para las almas pobres y los desposeídos. 

En occidente, las calamidades de la crisis de las hipotecas basura golpeaban a todos aquellos que creyeron que con deuda iban a ser parte del club de los ricos, muchos hicieron fortuna, es cierto, engañando con el precio antes de la debacle a otros incautos; vendiendo lo que les había costado 7 por 17, pero fueron unos pocos, la mayoría sintió el frío del capitalismo financiero "salvaje"- que siempre había estado ahí- esperando como ave de rapiña que el fruto envenenado hiciera mella en el cuerpo social, en el mismo cuerpo social tantas veces asesinado en la historia y ahora desgarrado con virulencia en forma de deuda.

El sur global no existía para nosotros. Eran "aquell@s niñ@s" que salían en el telediario a la hora de comer, trabajando en las minas, con el gesto de la resignación envuelto en moscas y un famélico cuerpecito de"capital humano a disposición del señorito colonial", que lo mismo servía como repuesto de riñones o hígados, que como juguete sexual de unas élites cansadas de vivir por encima de las posibilidades de los demás.

En esa debacle humana concebí uno de los poemas que componían " Del mundo en mí...: Ejercicios Capitales".
El tema del poema proponía cuantificar la maldad humana en forma de lenguaje poético. Encontré dos problemas en el planteamiento: 1. Necesitaba unir materia con conciencia; 2. Que el resultado fuera universal ( lo que yo entiendo como esencia de la poesía).

Para resolver el primer problema utilicé la matemática como forma de lenguaje. La matemática da razón de la cantidad de materia que existe, lo mensurable ( sumar, restar, multiplicar, dividir etc...). Las maldades serían las magnitudes sobre las que operar. ¿ Pero dónde buscar esas maldades que pudieran servirme para operar materia con conciencia?. 

Sucedió en la antigua Persia, hoy Irán, sobre el siglo X antes de nuestra era, fue Zoroastro ( Zaratustra) el ideólogo de la dualidad Bien-Mal. El mal existía desde siempre independientemente del ser humano. 

Pero a mí me interesaba desglosar el mal en cantidades tangibles de conciencia para poder medir su interacción y encontrar resultados universales. ¿ Lo habría hecho alguien?. La respuesta estaba en "la Divina Comedia" de Dante. El poeta que sistematizó la maldad en siete pecados capitales y los ubicó en el universo conocido. El verdadero ideólogo del bien y del mal concretizado. La cuantificación matemática de los miedos que dan razón de la supervivencia del cristianismo. Un poeta que construyó el mundo que conocemos en 14233 versos. 

Conocidas las magnitudes de la conciencia ( los siete pecados capitales) y la mensurabilidad de la materia por medio de las matemáticas, ya podía obtener resultados universales. Lo llamé "Ejercicios Capitales" y era una homenaje a Dante Allighieri en tono irónico, usando precisamente la poesía para desmontar un edificio conceptual que ha tenido alejado a Occidente y buena parte del mundo del camino de la sabiduría y la humanidad que no vuelve la cara ante las matanzas de niños.

La evolución de esos "ejercicios capitales" sin duda alguna serán "Los algoritmos capitales". Nuevos miedos para mantenernos alejados de la sabiduría y la dignidad. Otro día os comparto un nuevo pecado capital sobre el que estoy trabajando.

Aquí el poema " Ejercicios Capitales". de ( "Delmundo en mí y otros extraños". 2008. ed. " La poesía es nutritiva").

sábado, 28 de junio de 2025

D'aquell octubre trencat per terres de l'interior valencià.

Portada de la revista SAÓ, n. 513, on publiquen un article meu arran de la DANA per les nostres terres. D’aquell octubre trencat per terres de l’interior valencià. Sempre som d’algun lloc, que és tant com dir que som amb altres en aquest espai i temps que ens ha tocat viure junts. Vivim en societats complexes des que abandonàrem la senzillesa d’aquells temps de cireres silvestres, senglars i espart. I això va passar cap al tercer mil·lenni abans de la nostra era, quan tancàvem el bestiar en corrals a recer de qualsevol abric rocallós, com en el Cinto Mariano de Requena, en l’alt Vall del Magre, el riu de les arrels indoeuropees Mak, que els romans anomenaren Macer, prim, magre, sense greix. Eixe és el nostre riu. L’artèria que rega, a vegades, una agricultura pobra, de secà, de bon vi, quan plou, almenys entre 350 i 600 mm de mitjana anual, i en el pitjor dels casos, com el 29 d’octubre, més de 500 litres en un sol dia per metre quadrat. I ja se sap: "Si plou poc és la sequera, si plou massa és un desastre", cantava el Raimon a un país on la pluja no sap ploure. Un himne de tot un règim pluviomètric després de la pantanada de Tous, allà per 1982. Sempre pensem, potser com a eina de supervivència, que els esdeveniments de les nostres vides conformen el centre de l’univers conegut. Però això ho degueren pensar cadascun dels habitants d’aquest espai que compartim en el temps, des de l’altiplà de Requena fins a la Serra de Xiva, des de la Serra de Negrete fins a la Serra Martés, des dels 1.300 m del Pic del Remedio d’Utiel fins als 1.030 m sobre el nivell de la mar del Pic de les Herbes en Marjana, terme de Xiva, des del qual s’observa el descens abrupte fins a les planes al·luvials de l’Horta Valenciana, passant per les sinuoses estriacions de la Serra de Malacara, entre els termes de Bunyol i Set Aigües. Som una vasta extensió de territori que comprén uns 500 km², més gran que la superfície d’Andorra. Vivim entre el Xúquer i el Túria, en valls envoltades de cims de més de mil metres d’altura, que s’alcen com a castells, vigilants erosionats i desnodrits d’arbrat per l’acció antròpica des de l’època dels ibers. Una transformació mediambiental que es va intensificar amb el desenvolupament de l’activitat ramadera, provocant una desforestació i canvis hidrològics que desencadenaren episodis d’incisió fluvial, d’encasellament i de barrancs (**només en el sistema hidrològic de la Rambla de Poyo hi ha 106 cursos de més d’1 km, 7 de més de 5 km i un de 40 km) que es converteixen en canons naturals d’aigua en qualsevol octubre "trencat", des que portem el compte escrit de la història. La ciclogènesi explosiva inunda paratges riu avall i deixa desolació i mort. L’alcalde de Iàtova, Miguel Tórtola, explicava pocs dies després de la catàstrofe: "Veient el que passava a Utiel, sabíem que la riuada arribaria riu avall. Vam tindre informació abans i durant l’esdeveniment, per això vam suspendre les classes i es van fer bans durant tot el dia perquè ningú isquera al carrer; l’orografia ací és molt complicada." Des de 1238 fins a la riuada de 1957, es documenten en fonts històriques primàries més de 50 riuades, 16 cada 100 anys, fet que ens porta a una mitjana de 6 o 7 anys d’interval entre catàstrofes. I encara que les xifres no estan per a complir-se, la història es repeteix cíclicament i ressona en la memòria col·lectiva. A Requena, el 15 d’octubre de 1517 és recordat com "El año del aguaducho” a causa de la gran tempesta que va descarregar sobre la localitat. Passa per ser una de les majors riuades registrades en els últims mil anys, amb centenars de morts, tal com recull el Llibre de Fastos consulars de la Catedral de València. A Bunyol, la riuada va inundar molins, arruïnant una economia fràgil que sustentava el poble. A València ciutat, "dels cinc ponts que hi havia, l’aigua en va tirar tres: el del Reial, el de Serrans i el Pont Nou, i es va endur la Trinitat." Eren ponts fràgils, de pedra en sec, amb mescla d’arena i calç, construccions rudimentàries com les que encara perduren en l’actualitat, com “el nevero de la Serra de Xiva “o els "cucos" de Yátova. Aprenguérem a protegir-los gràcies a la força de l’associacionisme ecologista, com també “las bardas” de Set Aigües , “Las hormas” de Bunyol, fruits tots ells dels margerers o les séquies d’un sistema de reg canalitzat des de l’època romana i els segles de dominació morisca. I com moltes vegades aprenem a colps de realitat que ens deixen els esquemes mentals ofegats, només a partir de la riuada de 1589 comencen a posar-se petrils, encara que l’advertència perdurarà dos segles i escaig, des de la riuada del 16 d’octubre de 1321, en què el Justícia del regne li comunica amargament per carta a Jaume II: "Encara sien caygudes alcunes voltes dels ponts de la ciutat." Res que veure amb les noves alarmes mòbils que arribaren dotze hores tard en aquesta riuada d’octubre de 2024. I és que els ponts, com deia Frida Kahlo, són "la passió que et porta del dolor al canvi". Set ponts han caigut, almenys, i han hagut de ser reconstruïts per aquestes terres descarnades per la DANA enfurida, que sembla que vaja amb els aires de canvi que es barrinen. L’alcalde de Xest, José Morell, explicava davant la destrucció: "El més segur era construir un pont nou des de zero que estiguera en condicions de resistir una altra DANA." L’aigua no entén de murs ni de credos quan busca el seu curs natural, ni tampoc de pregàries després d’una persistent sequera. Ja va passar el 17 de setembre de 1875, quan el Barranc del Ripoll a Bunyol va rompre un dic de contenció i va arrasar l’Ermita de Sant Lluís, enduent-se la imatge del sant, tallada en fusta, i que va aparéixer a Alfarp. Les coples populars no es van fer esperar en una població amb ideals republicans i anticlericals: “San Luis, San Luis, de garrofera te conocí, los milagros que tú hagas que me los planten a mí aquí”. La història es torna a repetir, parapetada en el mur de l’Església del Salvador del Castell de Bunyol, d'on s'ha desprès el llenç de la cara nord en dos episodis de pluges. Un patrimoni ofegat en la desídia, que ens arrossega a tots cap a les nostres arrels com a poble. Els estralls immaterials provoquen angoixa emocional en un col·lectiu abandonat. Les riuades es viuen per barris, com la desgràcia, com l’ocasió que la vida t’ofereix a més maror, com la riuada de 1949, en plena postguerra, amb la fam com a bandera i el cau del vell Túria com a refugi per a construir un niu. La que es coneix com "la riuada de les barraques" hauria pogut ser una gran catàstrofe per a aquells que pateixen en qualsevol temps la força de la natura colpejant el desànim. El vell llit del Túria estava ple d’emigrants arribats d’altres terres, cercant un futur robat; en fonts oficials de la dictadura, es parlava de 10.000 barraquistes, que "donen mala imatge a la ciutat", però ningú va fer res per reubicar-los. La sort, aquesta vegada aliada amb els desprotegits, va deixar el nombre de morts en uns pocs a la desembocadura del Túria, perquè l’aigua va avisar. I ací, les paraules d’aquell xiquet de l’auxili social, en l’Hogar Rey Don Jaime de Buñol, durant la riuada de 1957, escrites amb el prisma del temps i des de l'anonimat: "Gràcies a la repercussió internacional que va tindre aquella riuada, vam tindre berenar amb xocolate de tauletes Elgorriaga, dos o tres galetes de pa meravelloses La Pampa que pareixien de l’exèrcit argentí. Crec que els xiquets de l’auxili social esperaven les riuades com el despertar de la societat cap als desgraciats." Una declaració d’intencions que ressona en cada rellotge d’aigua. Que mai avisa als qui situen el seu futur a uns pocs metres de la vora del Barranc de Xiva, observant l’aigua passar amb el temor als ossos, ancorats al terra de la inevitabilitat. I el Magre, prim, macilent, colpejant a borbollons en una de les seues moltes avenides per les terres d’Utiel, arrossegant la desgràcia i el futur argilós d’uns camps anegats. No sé quants milions seran necessaris per restaurar el patrimoni, quants esforços maltrets per alçar la Mútua de Xiva, que es va endur el barranc aquell dia aciag d’octubre, quanta història destruïda en un sospir. El que sé és que el despertar de la humanitat va lligat a la catàstrofe. L’esperança s’alimenta de la solidaritat en moments difícils. L’exemple d’aquell exèrcit de joventut avançant pels ponts blancs de València, Xiva, Xest o Utiel, fins a les portes d’un infern enfangat, amb les senzilles armes del poble: una pala, una granera, la tendresa immensa. I després, els gestos de tots els instituts de la Foia, que convertiren un acte festiu al Teatre Liceu de Xest en una recaptació de fons per ajudar un altre dels seus caigut en la riuada, el IES Alameda d’Utiel, amb una fila zero plena de llàgrimes, en saber que els joves d’un altre institut de la Vall d’Aran havien recaptat 1.200 euros com si d’aquell gest tan llunyà els hi fora la seua educació. És la llavor que estem regant. D’on sempre naix la força d’un poble. Del compromís que mai s’emporta el corrent ni l’oblit. Delmundo Milà.

miércoles, 11 de junio de 2025

Tu no irás a morir por ellos.

Tú no irás a morir por ellos.

Tú no irás a vivir por ellos.
Antes te asesino a besos,
te amordazo con pétalos,
y te entierro en mis entrañas.
Tú no defenderás sus mentiras
sobre la tierra ensangrentada,
como tinta vana de fusiles
oxidados en las trincheras.
Tu no irás a ese mundo nuevo
con las botas destrozadas,
con los versos gastados
de una humanidad rota.
Antes te enseño el paraiso
inmaculado de los sueños,
donde viento y madreselvas
florezcan solitarias tus huellas.
Tú no irás a morir por ellos,
por esos canallas de la guerra.

          ( De "Asaltaremos los palacios
           de invierno". D. Milà)



lunes, 19 de mayo de 2025

cheste

Cuando eres acogido tan maravillosamente como lo fuimos en Cheste un viernes soleado de mayo tienes varias posibilidades, pensar que el tiempo se ha detenido entre cuatro acordes de trombón y flauta en la menor, como lo hacía en otros momentos de esta historia comarcal que nos une hasta las trancas ( -le dice mi madre sentada en "La Agrícola" a Luisa Mirasol, mi amiga, "que ella bailaba en el Chicolino, a finales de los años 50 del siglo pasado" ), o imaginar que eres otra, qué se yo, una de esas personas afortunadas que se reencuentran con una concejala de cultura, Maria Angeles Llorente, que está dejándose el alma de compromiso vital con un pueblo, como tantas veces lo hizo en las aulas, o en aquellas jornadas de lucha que nos unieron para siempre en el Colegio Cervantes de Buñol defendiendo con los dientes el derecho que tenían unos niños de 3 años a una educación pública de calidad,  o fundirte en abrazos de intrahistoria y camaradería con el hijo de la "tía Alfonsa", la vívida imagen que mantengo de una tienda de pueblo fundida en la pátina de mi memoria cuando acompañaba a mi padre "viajante" de oficio. O cuando te asalta por la calle la dueña del kiosco-librería donde dejamos por primera vez, todavía caliente de imprenta ,"La Red Pública", el primer periódico comarcal que vió la luz en este País Valenciano que poblamos, a veces, de memorias y sueños truncados.
Y te solidarizas como puedes con la amarga desgracia de un pueblo que ha perdido a 7 de los suyos en la Dana de aquel "octubre roto", aunque sea dedicándole unos versos amargos con sonidos dulces para superar la pérdida, que de eso también va este "Viaje a los confines de la nada" que presentábamos en el Salón de plenos del Ayuntamiento,  Modesto Valiente "Moguttu", al trombón, y Victorino Santos, a la flauta. Una banda ecléctica para celebrar el hecho de sobrevivirnos 60 años, aunque sea con acordes  y versos cortos, en esta galería de desmemoria y  personajes olvidados.
Y ves el cartel del recital en la puerta del Ateneo Republicano junto a la bandera de Palestina que nos rcuerda la vergüenza de ser humanos en estos días de matanzas de niños, y sientes la necesidad de concebir, como Pasolini, la poesía como literatura de denuncia, con las palabras como armas cargadas de futuro, a la manera de Celaya.
De todo eso nos oímos y recitamos un rato, nos conjuramos para transmitir un mensaje al viento de esta historia comarcal que nos vamos contando, unas a otras, por estas tierras de Cheste que tanto quiero.

                          Delmundo Milà.